Elina Chauvet: Entre las huellas del dolor y el duelo colectivo.



“La función del arte en la sociedad es edificar, reconstruirnos cuando estamos en peligro de derrumbe”.

Sigmund Freud.



Retomo las líneas anteriores del epígrafe y hago alusión a ellas para referirme a la obra de la artista Elina Chauvet, que al paso de 10 años de lucha y producción artística, ha logrado la reivindicación de la sociedad, al concientizar la problemática de violencia hacía la mujer, mediante la creación de un símbolo; al utilizar el color rojo en un zapato femenino, genera diversas asociaciones que evocan a un hecho que tienen que ver con lo cultural, lo político y lo artístico.

En una sociedad fragmentada por la violencia, la corrupción, el abuso de poder, el crimen organizado y la indiferencia de los departamentos gubernamentales, ante los miles de asesinatos y desapariciones de mujeres; Chauvet hace un llamado a la conciencia colectiva para edificar el tejido social con su instalación “Zapatos Rojos”, en acto de solidaridad del pueblo mexicano, logra movilizar no solo a las mujeres, también a familiares de las víctimas y a diversas personas con huellas de dolor por la impunidad.


Zapatos Rojos, es un homenaje a la ausencia y al dolor de la pérdida de un ser querido, que se convierte en un despliegue de lo privado a lo público, de una lucha personal a una lucha colectiva, reflejada en un gesto de donación de zapatos y la acción de pintarlos proclama públicamente justicia. Desde el 22 de agosto del 2009 que comenzó la instalación, ha dejado huella en diversas ciudades en Europa, Sudamérica, Estados Unidos y Canadá, como una emancipación y plegaria para no más muertas.


La artista hace una revaloración del espacio público como plataforma de comunicación social a través de intervenciones que abren espacios para el diálogo colectivo; al visibilizar el dolor de miles de familias que quedaron sin madres, sin hijas, sin esposas, sin nietas, nos genera una reflexión sobre las problemáticas del entorno donde se habita, para visibilizar la función del arte, en la producción de signos, que le dan un sentido social, donde se incorporan diversos discursos visuales. Hablar de intervesión artística, opera la resignificación estética y cultural del espacio público, en donde confluyen aspectos simbólicos, identitarios, políticos, territoriales, lúdicos e irreverentes. De los cuales; se le dan valores culturales que adquieren libertad de creación para buscar los medios y elaborar canales para su discurso socio-creativo. Su propuesta incide en la percepción subjetiva y colectiva de los sujetos a través de experiencias que permiten una relación directa con el público no involucrado en el circuito del arte.


Elina, como mujer solidaria hacia las causas sociales, muestra empatía al dolor y realiza diversos proyectos que hacen un llamado hacia la reconstrucción de la conciencia entre géneros, un llamado a la comunidad para hacerla participe con piezas como: “Confinaza” dedicada a Pippa Baca, la curaduría de la exposición “Los queremos vivos” en memoria de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa-México. “Mi cabello es tu nombre” es una performance donde corta su cabello y en cada fragmento que corta envuelve con un listón rosa el nombre de la víctima, finaliza tatuándose en su cráneo Justicia.


La performance en espacio público ha cobrado auge por sus cualidades de comunicación social, por poseer un lenguaje simbólico a través de los objetos y el contexto inmediato, permite al espectador abordar otras vías de percepción de la realidad y de su propia condición cultural e identitaria; podríamos pensar algunos modos de performances e intervenciones urbanas como herramientas para alterar estas subjetivaciones, es decir, como dispositivos de producción de realidad, cuyo campo de acción será entre creador y espectador. El pasado 11 de enero de 2020 Elina Chauvet realiza en la Plaza del Centro Histórico de México (Zócalo) una instalación acompañada de una performance en la cual hace pública la aparición de su personaje Goldenbird; en una representación icónica de la máscara de luchador mexicano recontextualizada en el imaginario colectivo a las luchas y batallas libradas por y para las mujeres. La performance se inserta en un espacio autónomo que acoge tendencias claves de la sociedad, como ser un revelador cultural y social, en donde lo público y lo privado convergen para generar signos reinterpretados y reconstruidos por el espectador voluntario e involuntario.


Me gustaría cerrar este pequeño ensayo con una reflexión que siempre comparto en las charlas o talleres que doy:


Exhorto a tomar las calles por asalto, para realizar una apropiación simbólica y artística de los espacios de la ciudad, de manera no institucional, más allá del encuentro que se propicia en los festivales o los lugares legitimados del arte, tiene el fin de resinificarlos como espacios de experimentación estética y cultural, el cual propone crear una conciencia en diversas comunidades y propiciar una alternativa cultural a los sectores populares. Parafraseando a Nicolas Bourriaud, en su libro Estética Relacional: “El arte es el lugar de producción de una sociabilidad específica, en el conjunto de los estados de encuentro”. Karl Marx, definió a las comunidades de intercambio como: intersticio, espacio para las relaciones humanas, que sugiere posibilidades de intercambio distintas de las vigentes en este sistema. Hagamos del arte un intersticio.


Ruth Vigueras Bravo, 2020.

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